Porque es importante tomar la presión sanguínea arterial

Normalmente cuando uno va al médico por cualquier dolencia o enfermedad, se nos mide la presión de la sangre, pero, ¿por qué es bueno tomar la presión arterial? Bien, esa precaución, que a veces parece innecesaria, la toman los médicos, porque la presión de la sangre es un indicio muy significativo sobre las condiciones de salud del individuo.

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¿Por qué es bueno tomar la presión arterial?


¿Por qué es bueno tomar la presión arterial?
  • Todos tenemos presión sanguínea, puesto que si no la hubiera, la sangre no circularía por el cuerpo. Se requiere una fuerza muy grande para que nuestra sangre circule constantemente a lo largo de los 150 kilómetros de vasos sanguíneos que tenemos en el cuerpo.
  • La mayor parte del tiempo la pasamos de pie, con la cabeza a una distancia de casi dos metros del suelo y, sin embargo, la sangre nos tiene que llegar a la cabeza. Es el corazón el que se encarga de hacerla llegar y la presión sanguínea sube y baja de acuerdo con los latidos del corazón. Cada vez que este se contrae, sube la presión de la sangre, y cada vez que se dilata, la presión decrece.
  • Cuando el médico mide la presión, recibe dos datos que se registran en forma de fracción. Por ejemplo, 100/80. Al número más alto se le llama “número sistólico” y se refiere a la presión de la sangre en las arterias cuando el corazón se contrae. El número más bajo, “número diastólico”, indica la presión en las arterias cuando el corazón se dilata entre un latido y otro.
  • La presión normal de una persona en descanso es 100/60. El número sistólico puede variar entre 100 y 150 y el diastólico entre 60 y 90, dentro de la normalidad. Pero una medida que sobrepase los 150/90, indica una peligrosa hipertensión o presión alta.
  • Hay hipertensión sistólica e hipertensión diastólica. La primera se debe principalmente a la arterioesclerosis o endurecimiento de las arterias.
  • Muchas personas saludables en apariencia, padecen hipertensión sistólica a medida que envejecen, porque sus arterias pierden elasticidad. Sin embargo, aun cuando la presión sistólica suba, la diastólica puede estar en un nivel casi normal. Lo contrario no sucede nunca. Cuando aumenta la presión diastólica de una persona, aumenta necesariamente la sistólica.
  • Una persona sufre de hipertensión diastólica, cuando las pequeñas arterias de su sistema circulatorio se hacen más estrechas. En esos casos, el corazón tiene que trabajar más para hacer que la sangre circule por los vasos estrechos y comienza a aumentar de tamaño y a engrosar sus paredes. La prolongada tensión de los vasos sanguíneos que deben abrirse constantemente para dar paso a la sangre a mayor presión, es la causa de que esas arterias pierdan su elasticidad.
  • Si semejante hipertensión se prolonga durante meses y años, se corre el riesgo de que alguno de los vasos del cerebro llegue a cerrarse, se hinche y acabe por reventar. Ese rompimiento de un vaso impide que el abastecimiento normal de sangre llegue a una porción del cerebro y puede dejar a la persona sin habla y con un brazo, una pierna o todo un lado del cuerpo paralizado.

Los desórdenes del sistema circulatorio que tantas muertes provocan, no han sido explicados completamente por la ciencia y solo se conocen algunas de sus causas, como las enfermedades de los riñones, los tumores en las glándulas, la actividad extraordinaria de la glándula tiroides y el endurecimiento de la aorta, la principal arteria del cuerpo humano.

Además, los hombres de ciencia suponen que ciertas condiciones físicas contribuyen a los desórdenes circulatorios. Mencionan, sobre todo, la predisposición hereditaria, la obesidad, el exceso de tabaco, el exceso de sal y las tensiones físicas y emocionales. Sin embargo, en el 90% de los casos se ignoran las causas.

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