Los lunares o nevus son concentraciones de melanocitos, las células productoras del pigmento melanina. Tienen bordes delimitados y pueden ser de muy diferentes tamaños y formas, aunque generalmente son redondos, pero también los hay planos o en relieve.
Su color va del café claro al negro azuloso. Los niños recién nacidos carecen casi de lunares, éstos van apareciendo con la edad. Cuando su tamaño es muy reducido, regularmente aparecen en grupos.
Hace algunos años se creía que no debían quitar los lunares, actualmente es posible removerlos. Si a usted le parece que es “antiestético” o que no se ve bien ahí donde se encuentra, basta con acudir a un especialista para que se lo quite sin ningún tipo de problemas. La intervención consiste en una simple microcirugía. Se realiza con anestesia local: se dan dos o tres puntos, pero no suele quedar cicatriz. El tejido, por lo general, es analizado como una forma de prevención y para disipar cualquier duda.
Un lunar normalmente no sufre ningún cambio a lo largo de la vida y, aunque lo hagan, suelen ser modificaciones sin importancia.
Pero si nota, un cambio en algún lunar de su cuerpo (aumento de tamaño o de relieve, intensificación del color, cambio de forma, picazón, supuración, molestias, dolor…) acuda al especialista. Algunos lunares (no es común) pueden degenerar y dar lugar a melanomas malignos (tumores cancerosos). Por lo general, se debe a exposiciones excesivas e incontroladas al sol.